Francisco Montoya Egea, conocido artísticamente como El Niño de la Huerta (6 de julio de 1907, Lora del Río, Sevilla – 1964), fue un destacado cantaor flamenco español, reconocido por sus fandangos y su evolución estilística dentro del cante andaluz.
Orígenes
Nació en Lora del Río.
Su apodo proviene de su juventud:
- Trabajaba en la huerta antes de dedicarse profesionalmente al cante
Inicios en el flamenco
Comenzó a destacar muy joven:
- En 1925 ganó un concurso de cante en Córdoba
- En 1927 participó en el certamen de la Copa del Monumental Cinema en Madrid
- En 1928 actuó en el Teatro Avenida de Madrid
Desde entonces se integró en espectáculos flamencos en gira por toda España.
Carrera en los años 30
Durante la década de 1930 realizó importantes giras:
- En 1934 compartió cartel con Angelillo
- En 1936 participó en el Certamen Nacional de Cante Flamenco del
Circo Price
Trayectoria tras la Guerra Civil
En los años 40 y 50 continuó con una intensa actividad artística:
Años 40
- Giras con El Sevillano y Pepe Pinto
- En 1944, con Canalejas de Puerto Real
- En 1948, con el espectáculo Fantasía andaluza
Años 50
- Actuaciones con José Cepero y Manuel Vallejo
- Participación en espectáculos como:
- El sentir de la copla
- Toros y cante (1950)
- En 1951 trabajó con La Niña de Antequera
- En 1953 realizó la gira Noche de coplas
También actuó en el extranjero, especialmente en:
- Tetuán (Teatro Español)
Estilo musical
El Niño de la Huerta destacó por:
- Sus fandangos personales, conocidos como “fandangos del Niño de la Huerta”
- La interpretación de la vidalita (especialmente “La romería loreña”)
Su estilo evolucionó desde:
- La influencia de Antonio Chacón
- Hacia un estilo más interpretativo cercano a Pepe Marchena
Fallecimiento
Falleció en su ciudad natal, Lora del Río, en 1964.
Legado
El Niño de la Huerta es recordado como:
- Un referente del fandango flamenco
- Un cantaor representativo de la evolución estilística del siglo XX
- Una figura destacada del flamenco en giras y espectáculos
Conclusión
La trayectoria de El Niño de la Huerta refleja la riqueza del flamenco tradicional y su evolución hacia formas más expresivas, consolidando su lugar en la historia del cante andaluz.

